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Jul 2011 19

Elementos estructurales para el bajo nivel de participación política partidista de las mujeres

Durante la primera legislatura del cuatrienio 2010 - 2014 se llevó a cabo la discusión del Proyecto de Ley No. 205/11 Cámara “Por la cual se adoptan disposiciones sobre equidad de género y sobre financiación de las campañas electorales”. (http://bit.ly/f8ehef )”, denominada en los medios de comunicación como la Contra Reforma dado el contenido de disposiciones contrarias a la Reforma Política aprobada en el 2010.

Éste proyecto de ley, de iniciativa gubernamental, eliminaba el elemento sancionatorio en caso de incumplimiento del umbral de la cuota de género en la constitución de las listas electorales de los partidos políticos (30% de mujeres), degenerando la finalidad de éste instrumento de acción afirmativa. Los argumentos presentados por parte del Ministro del Interior Germán Vargas Lleras y los parlamentarios para apoyar la iniciativa se resumen en que: “es difícil para los partidos el cumplimiento del umbral”, “la participación política es un derecho, no una obligación”, “la participación es asunto de las propias mujeres, que se motivan más por pedagogía que por una ley”.

Así, estas líneas intentarán dar un bosquejo sobre las razones explicativas de la baja participación de las mujeres en política. Desde una perspectiva de género se señala la contradictoria y paradójica continuidad y reproducción de relaciones de género desiguales en el ámbito de la propia Democracia Moderna (Diamond y Hartsock, 1998). En este sentido, lo público continúa siendo asunto reservado para los hombres, mientras las mujeres se encuentran apartadas y excluidas en la esfera de lo privado, en los roles tradicionales de esposa, madre y trabajadora del hogar.

En Colombia, como el resto de naciones adscritas a la democracia moderna, las mujeres han conseguido luego de diversas luchas, el reconocimiento por parte del Estado, de varios derechos de igualdad con respecto a los hombres, en especial en materia de derechos civiles sobre la propiedad y en materia de derechos laborales. Estos logros han posibilitado que las mujeres asuman nuevos roles diferenciados de aquellos tradicionales relacionados con el hogar, tales como el de propietarias, trabajadoras, empresarias, etc. No obstante, estos roles continúan bajo la esfera de acción privada.

La relevancia de las mujeres en sus nuevos roles se refleja en todas y cada una de las estadísticas que miden el impacto de la mujer en los niveles de producción y el desarrollo económico en nuestro país. Sin embargo, en correspondencia con las observaciones de las especialistas en género, tales transformaciones no han generado cambios a nivel de cultura política de la sociedad patriarcal. Para citar un caso, la Encuesta de Cultura Política 2008 del DANE, señala que casi 10 millones de colombianos (44,38% de los encuestados) consideran suficiente el número de mujeres en cargos de elección popular.

Por tanto, la baja participación de las mujeres en la política colombiana continúa siendo la consecuencia de un desarrollo cultural particular de los conceptos de feminidad y masculinidad, el primero entendido como roles de carácter natural y relacionistas (madre, esposa) excluidas a la esfera privada; mientras el segundo es entendido como escape de lo femenino del “hogar”, de lo cotidiano y de lo concreto de la vida, asumiendo por tanto un papel protagónico en lo público y la política (Diamond y Hartsock, 1998).

Este tipo visiones culturales han tenido un impacto en la exclusión de las mujeres en la política, tanto por sí mismas como por discriminación de las élites político partidistas al ser vistas como “incapaces” de atender a las demandas de una carrera política. La Unidad de Mujeres y Desarrollo de la CEPAL en la investigación Sistemas electorales y representación femenina en América Latina (2004), recoge impresiones sobre los actores involucrados en la política y las barreras que imponen los roles tradicionales/patriarcales tales como:

Las reuniones largas y nocturnas son una práctica política obstaculizadora para la participación política de las mujeres.

- La ausencia de firmeza para defender posiciones, la “audacia” como la califica una ministra de la mujer, para desafiar lo que la tradición, el consenso o lo políticamente correcto indican como pasos obligados.

- Las mujeres deben demostrar cualidades excepcionales que no se exigen a los hombres. 

- Poco apoyo financiero de sectores económicos por falta de garantías de recibir la contraprestación en sus demandas.

- Ser vistas como recién llegadas al no tener un liderazgo producto de grandes conflictos promovidos por movimientos sociales.

Sin duda, se puede observar una serie de factores estructurales que hacen que las propias mujeres se excluyan de la política, tal como lo señala el Ministro del Interior y los parlamentarios que apoyan la eliminación de las cuotas de género. Sin embargo, el superar las barreras y los factores estructurales pasa por la constitución de una nueva concepción de lo político/público que sólo será posible con una participación activa y visible de las mujeres en cargos de elección popular garantizada por las cuotas de género.

Desde éstas posiciones en órganos de deliberación y poder como el Congreso de la República, Asambleas y Concejos a nivel regional se pueden generar los mecanismos que permitan la vinculación de las mujeres al espacio de lo público, al facilitar, mediante la legislación, el cumplimiento de los roles tradicionales del hogar de manera compartida entre hombres y mujeres, responsabilizando a los hombres en una coparticipación y corresponsabilidad en el cumplimiento de los roles del hogar, de manera que la mujer tenga mayor disponibilidad de tiempos y se incorpore a redes a nivel del espacio público y la competencia a nivel partidista.

En consecuencia, el mecanismo de acción afirmativa e ingeniería electoral de las cuotas de género representan una garantía y un punto de partida (no de llegada como lo expresa el Ministro del Interior y algunos parlamentarios) para que la participación de las mujeres en política alcance un grado de representatividad descriptiva (al menos) capaz de constituir la Masa Crítica (Peña, 2005) que lidere los cambios estructurales necesarios para una nueva y equitativa participación en lo político público.



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