La memoria de los pueblos, el alma del XI festival de cine indígena
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Durante un mes de muestras itinerantes el Festival llegó a las regiones rurales y urbanas más lejanas y bellas del país como desierto de la Guajira o el ancestral territorio cuacano o hasta las altiplanicies de territorios muiscas de Cota y Chía, a Manizales, al territorio kankuamo… En las ciudades a poblaciones vulnerables abandonadas por la gloria de dios y la “bondad” de los hombres como las comunidades de la Plaza España y llegó a muchos corazones…
Por: Ismael Paredes Paredes (*).
Desde cuando la Madre -venerable en su mirada que expresa sapiencia, amor y comprensión- implora para que sus hijas no le dejen sola cuidando todo lo que tiene: su tierra y su rebaño, “Aquí están tu tierra y tus ovejas, no te puedes ir…”, le dice a una de ellas; hasta cuando los indios navajos y lakotas de las paraderas ven cómo, el mismo ejército gringo y los vaqueros, matan sus tierras, sus raíces y sus fuentes de vida; y/o la historia, contada en apenas 4 imágenes, de un grupo de mujeres indígenas que asumió el control total de sus vidas y sus comunidades tras resistir lo más álgido del conflicto en Guti… como estas son muchas historias que conforman un real compendio del arte, la cultura, la vida, la imagen y la música de los pueblos y que son punto de encuentro, festividad y reflexión durante el desarrollo de la versión 11ª del Festival Internacional de Cine y Vídeo de los pueblos indígenas que esta semana se realiza en Bogotá y continúa la próxima semana en Medellín.
Desde enero de este año, y desde mucho antes, que hicimos en la ONIC la presentación de este festival, el más importante del mundo en su género y organización, junto a un grupo de entusiastas comunicadores, realizadores, cineastas y muchos amigos y amigas de otras áreas o campos profesionales y técnicos asumimos su preparación y realización con esfuerzo y dedicación… Desde entonces reímos, lloramos, trasnochamos como nunca, pero gozamos, obviamente esto pierde importancia cuando uno ve, hasta ahora, que todas las actividades y momentos del festival han sido magistrales. Pero el festival no comenzó esta semana, comenzó hace 27 años en México como un sueño, quizá, pero se consolido como un gran proceso que reúne miradas, culturas, proyectos y más sueños de los pueblos del Abya Yala…
Desde el viernes pasado cuando Fernanda Barbosa, una joven del pueblo saliva del Casanare nos hacía ver con su voz dulce que cuando a las mujeres indígenas les tomamos fotografías las “desalmamos”, esto es arrancarles un pedazo de su alma, y nos hacía sentir culpables cómplices de no saber o sentir que siente una persona y que hay detrás de ella cuando le tomamos una foto, su historia, sus angustias, sus intimidades, sus alegrías, sus amores y desamores… eso nos lo decía ella en la apertura de la exposición fotográfica: La historia detrás una imagen de mujer Indígena (en el marco del festival), una magistral obra que recoge, sencillamente el alma de las mujeres indígenas colombianas, costarricenses, mayas y muchas otras.
A Fernanda, como a Lina Martínez, como a este modesto servidor, como a muchas mujeres y hombres que fueron parte y hoy asisten al festival, también el festival nos desalmó y nosotros lo desalmamos a Él, con cariño y entrega, porque paso a ser parte de nuestras vidas y hoy no lo gozamos en la diversidad de sus imágenes, de sus danzas, de sus talleres, de su música y a la altura de su relevancia y su magnitud…
Luego de casi un mes de muestras itinerantes el Festival llegó a las regiones rurales y urbanas más lejanas y bellas del país como el esplendoroso desierto wayuú de la Guajira o el fértil y ancestral territorio cuacano o hasta las altiplanicies de los territorios muiscas de Cota y Chía, a Manizales, al territorio kankuamo, entre otros. En las ciudades llegó a colegios, a universidades a poblaciones vulnerables abandonadas por la gloria de dios y la “bondad” de los hombres como las comunidades de la Plaza España y llegó a muchos corazones…
Así llegamos también a sus dos primeros de avance que han sido días de fiesta intercultural, “así debe ser y así será” nos dijeron las abuelas y abuelos muiscas el domingo pasado en Chía, tierra de la luna, muy conmovidos por la visita de más de 50 delegados internacionales y algunos Nacionales que llegamos hasta su bohío, para armonizar con el territorio y los espíritus de esta Madre Tierra… Señalaron que el camino de la palabra y la memoria nunca mueren y quienes a ellos o a ellas nos acogemos saldremos avante en nuestros sueños y propósitos… fueron dos horas de reflexión y ritos, en un recorrido sin igual por la memoria y raíces de nuestros viejos, de aquellos que resistieron con coraje, alma y dignidad para que hoy la cultura esté viva y acompañe eternamente a sus portadores.
En cuanto al componente político y técnico del festival, ayer lunes se realizó en la Biblioteca Luis Ángel Arango el panel sobre el rol de los pueblos originarios en el cine y su aporte a la construcción de identidad y sociedad, donde el tema de la historia, la memoria, la tecnicidad, la creación y la cultura se abordaron como componentes más de los proceso de comunicación actuales…La Fiesta no paro ahí y llegamos en la tarde del domingo a Bogotá a encontrarnos con los caminantes de las jornadas de Paz y Dignidad, que recorren el continente, con quienes tejimos y sellamos un compromiso por la vida y la paz a ritmo de danza y música ancestral por la resistencia de nuestros pueblos. Cantaron y danzaron para deleite de la ciudad agrupaciones como Papaya Republik; Sugla Sungulo; Curupira; Walka y Wejka Kiwe, estos dos últimos grupos indígenas que le cantaron a la pacha mama y a la paz, unos y otros los artistas allí presentes pusieron bailar la gente que actitud eufórica llenaron el Parque de los Periodistas y sus alrededores.
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Blog de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC)
Desde su conformación en 1.971, el Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC, se constituyó en un dinamizador de los procesos reivindicatorios y de resistencia que adelantaban los pueblos indígenas colombianos a lo largo de la geografía nacional para demandar del Estado colombiano medidas de protección para sus territorios ancestrales, entidades culturales y derechos fundamentales. Con el propósito de visibilizar y socializar sus problemáticas, compartir la experiencia organizativa y establecer dinámicas de unidad para la exigibilidad de sus derechos, a los Congresos Regionales y espacios de trabajo colectivo del CRIC, asistían cada vez y de manera más representativa autoridades y delegados indígenas de otros pueblos y comunidades indígenas de Colombia. Este fenómeno de integración durante la década de los setenta, permitió que en algunos congresos del CRIC se realizaran comisiones de trabajo para tratar los asuntos de los pueblos indígenas de Colombia. Así conocimos a líderes de los pueblos Arhuaco, Kogui, Sikuani, Emberá, Cañamomo, Pijao, Pasto y Amazónicos, entre otros, quienes en unión de los Nasa, Coconuco y Giuambiano, estimularon y trabajaron para la conformación de una entidad organizativa que representará y desatará acciones a nivel nacional para realizar los intereses de los pueblos indígenas del País. En esta dinámica de sacar a la luz pública y denunciar ante la comunidad nacional e internacional los atropellos que a diario vivían los indígenas en Colombia, el periódico “Unidad Indígena”, órgano oficial del CRIC, se constituyó en el vocero y medio fundamental para la visibilización de las necesidades, amenazas y vulneración de los derechos de los pueblos Indígenas. Su director Trino Morales, indígena Guambiano quien desde 1963 venia liderando procesos de recuperación territorial de su pueblo, fue el encargado por el CRIC, para trabajar en el tema organizativo nacional. Trino Morales acompañado de líderes indígenas del Tolima, Cauca, la Sierra Nevada, Antioquia, Caldas, Nariño y los Llanos Orientales, entre otros, visitaron durante dos años a los pueblos indígenas del país en comisiones de trabajo que aún hoy se recuerdan con nostalgia. Del esfuerzo de este puñado de compañeros surge el Primer Encuentro Indígena Nacional de Colombia, realizado en la comunidad de Lomas de Ilarco, Municipio de Coyaima, sur del Departamento del Tolima, el 12 de octubre de 1980. Evento que constituye el primer paso concertado entre pueblos, autoridades y organizaciones indígenas para dotar al movimiento indígena nacional de una estructura política y organizativa del mismo orden. Mil quinientos delegados en representación de los pueblos indígenas del país, en asamblea general acordaron en Lomas de Ilarco la creación de la Coordinadora Nacional Indígena de Colombia a quien le encomendaron la organización y convocatoria del Primer Congreso Indígena Nacional; así como la constitución de la ONIC. La ONIC como proyecto político de carácter nacional, constituye hasta el momento la primera y única apuesta concertada y propia de los pueblos indígenas de Colombia, para hacerle frente a la defensa y protección de sus derechos especiales, colectivos y culturales, desde la unidad de acción organizativa y programática. El Primer Congreso Indígena Nacional que institucionalizó la Organización Nacional indígena de Colombia, fue celebrado en la Localidad de Bosa en febrero de 1982, y estuvo conformado por representantes del 90% de los pueblos indígenas colombianos y contó con la presencia de 12 delegaciones indígenas internacionales. Por primera vez en la historia nacional, dos mil quinientos delegados de los diferentes pueblos indígenas del país, se reunían para conversar sobre su pasado, presente y futuro; además para proponerle al Estado colombiano estrategias para la protección de la integralidad de sus identidades étnicas. El Primer Congreso Indígena Nacional adoptó para la ONIC los principios de Unidad, Tierra, Cultura y Autonomía que configuran las líneas de acción de la entidad y produjo su mandato en temas como la Legislación Indígena y el cumplimiento por parte del estado de la Ley 89 de 1890, recomendando a todos los indígenas del país el fortalecimiento de la autonomía indígena y de rodear a las autoridades tradicionales para el ejercicio de su gobierno. Al momento de conformarse la ONIC, Colombia atravesaba por uno de los momentos más difíciles de su historia nacional matizado por el asenso al poder político del Estado de personajes vinculados a economías subterráneas, la presencia de grupos de justicia privada, el fortalecimiento del accionar de los grupos guerrilleros y el desconocimiento por parte del Estado y el Gobierno Nacional de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos colombianos, todo lo cual generó un clima de violencia institucional, caracterizada por la violación sistemática de los DDHH y de infracciones al DIH, lo que afectó de manera dolorosa a los pueblos indígenas quienes llevaran para siempre en su memoria las masacres, torturas, desapariciones y asesinatos de sus autoridades y dirigentes desde la política gubernamental del Estatuto de Seguridad, impuesta por el presidente Turbay Ayala. En la década de los ochenta la dinámica organizativa y política de los pueblos indígenas de Colombia, se inscribe en un proceso de exigibilidad de derechos de los pueblos indígenas a nivel mundial. Por lo mismo mientras en Colombia los pueblos indígenas dan un primer paso hacia la realización de su autonomía política y organizativa, a nivel internacional las minorías étnicas acceden a espacios y escenarios de incidencia donde logran ser admitidos y escuchados en sus problemáticas. Fruto de esta dinámica, el 9 de agosto de 1982, se reúne por primera vez la El Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas, establecido a raíz del estudio presentado por el Sr. Martínez Cobo, Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos de la Naciones Unidas, sobre la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los indígenas. Este Grupo de Trabajo, actuó como órgano subsidiario de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías. Es más, para conmemorar la fecha de la primera reunión de este grupo, la Asamblea General de las Naciones Unidas, instituyó el nueve de agosto como día internacional de las poblaciones indígenas.
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